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viernes, 20 de mayo de 2011

Cuenta atrás


El contaba los días, las horas y minutos, miraba el calendario inerte, pasaba cada hoja expectante, señalando su porvenir en un pedazo de papel, la cuenta atrás había comenzado y quizás nada ni nadie podía detenerle.

Quería que el tiempo restante fuera efímero, pero sus días en cambio, trascurrían luengos y tediosos, nada le ataba a sus raíces y a un presente sombrío que hacia de su rutina primaveras de flores marchitas y hojas caducas.

Buscaba en su éxodo, una musa llamada motivo, un porque, una razón de ser, para poder así, recoger las riendas de su vida, un impulso preciso para emprender objetivos y olvidar otros tiempos, escapar del abismo que circunda a su pasos.

Urgía pasar página con el dedo herido, marginar el dolor y emprender una nueva vida, invadir los sentidos de nuevas esencias, respirar otros aires no contaminados que vacíen la caja de suspiros reciclándolos por otros de prosperidad.

Mientras tanto, yo veía volar los días que anuncian despedidas, cada vez era mas estéril mi pretensión en detener su reloj, descubriéndole ante sus ojos el fulgor de los tímidos rayos del sol entre las nubes, hablándole de la existencia de esas pequeñas cosas que pasan desapercibidas ante la mirada del obstinado, entre tanto el solo veía nubes grises, despedidas y trenes que parten.

Convencido y resignado a su marcha, afloraron sentimientos, emociones que evocaban recuerdos de todas aquellas personas que se cruzaron por mi camino, aquellos que dejaron huellas tras su marcha, pero solo algunos consiguieron tocar el acorde perfecto, melodía que hace latir el corazón al recordar y hace imposible el olvido,

Todos estamos de paso en esta vereda, algunos serán fugaces estrellas, otros abrirán puertas que mas tarde cerraran, otros en cambio llegaran hacer camino y tan solo unos pocos formaran parte de tu vida y permanecerán.

La cuenta atrás alcanza el final y contemplo el caer de las últimas partículas de este reloj de arena, una pena asalta mi alma, tal vez, si lograra saber cuándo volveremos a encontrarnos, esta despedida sería menos amarga.

Quizá un cúmulo de palabras sinceras de amigo, sean insuficientes para hacer que te quedes, lo sé, porque lo he intentado con todas mis fuerzas.

martes, 10 de mayo de 2011

El hombre sin memoria


Hay historias que vacían el alma y la dejan sin aliento, que estremecen el cuerpo más estoico y que hacen darle un toque de timón a tu vida, esta es sin duda alguna, la historia del hombre sin memoria, una historia real, que por suerte o causalidad me toco vivir, aflorando sentimientos y sensibilidades.

Le conocí una mañana usual, doblando esquinas, cuando la rutina bifurco un camino paralelo entre los dos encontrándonos el y yo en un mismo punto, otra intersección en la senda de la vida y sus pisadas dejaron huellas que no logro olvidar.

El un tipo elegante de largas barbas y algo peculiar, caminaba renqueante por la ciudad, oteaba cabizbajo el horizonte, con la mirada perdida, encontrando simplemente a su paso lagunas y olvidos.

Me acerque hacia el, alcé la mirada y pude descubrir en sus ojos, miles de preguntas sin respuestas, hallé soledades anhelando recuerdos, tristezas buscando comprensión y tormentas de lagrimas que le llevaban al naufragio.

Con el rostro desvaído y con voz titubeante me contó que un viernes negro perdió su razón de vida, me hablo de una carretera de un volantazo entre líneas discontinuas y cuando despertó, a su lado ya no estaba su pasado, ni sus recuerdos, ni su memoria.

Sus palabras arrugaban mi quebradizo corazón como un papel entre las manos, le abrí la puerta a mi rutina y con el tiempo, también pude evidenciar que ese fatal accidente además de haberle despojado de su pasado, cada día hacía lo mismo con su exiguo presente.

Tal vez mañana cuando nos volvamos a ver, no recuerde nada de lo que hablamos ayer, estrenara preguntas nuevas, y yo repetiré las mismas respuestas de cada encuentro, pondré cara de sorpresa y trazare mi mejor sonrisa.

El hombre sin memoria planea por mi cabeza tenazmente, su olvido hace amárrame a mis recuerdos, a esa dulce memoria, su pasado un escondrijo perdido en algún lugar, su futuro un libro en blanco por escribir con tinta difusa.

Mario Benedetti dijo que el olvido esta lleno de memoria, sabias palabras.